Lo que me sorprendió la tarde en que llegué a Sáenz Peña, en Chaco y a un poco menos de doscientos quilómetros de la capital Resistencia, fue ver que unos cuantos festejaban Halloween. ¿Tiene sentido? Frente al quiosco que aparece en la foto, adornado para la ocasión, un grupo de unos veinte chicos salían de la casa disfrazados y una madre dirigía para que algunos dijeran
dulce o truco en unas y otras puertas. No sé cómo aguantaban, con cuarenta grados en el ambiente, las máscaras y las capas colocas. En Estados Unidos empezó como una fiesta pagana heredada de los inmigrantes irlandeses; ¿la finalidad es vender más dulces en la actualidad?
Hay una cultura norteamericana de invasión –dijo el escritor cubano Alejo Carpentier-
lo que llamaríamos una cultura colonizadora; digamos la palabra: imperialista. Consiste en ponernos ámbitos, trastocar las costumbres, imponer el idioma. Los cubanos vimos y padecimos mucho eso por la cercanía. Conocimos una época en la que hasta los letreros de los locales estaban en inglés. Eso no es cultura ni es nada. Es imposición de una sociedad de consumo, que trata de vender productos a través de los vehículos de la publicidad. Ahora, la cultura verdadera, de Ralph Waldo Emerson, de Paul Whitman, las novelas de William Faulkner, ¡bienvenida sea!
(Está la entrevista completa a Carpentier).