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Necesito ver el árbol

Reflejo de una introspección
Lo que me salva a veces del encierro en mi departamento es la vista de un árbol que está en frente. Su forma en zigzag como una víbora es curiosa. Lo observó de reojo, con la cortina entreabierta. El viento hace que lo pueda ver más o menos, según se mueve la tela. Y la visión no es tan buena igualmente. La reja del balcón me deja observarlo sólo a través de cuadros de hierro. Y las personas y los autos y los colectivos nunca dejan de pasar por esta zona tan circulada. Pero no sé, tiene algo que me tranquiliza un poco. Me hace sentir vivo.

¿Y cuánto vive? | Preguntas

¿Cuánto vive el hombre, por fin?
¿Vive mil años o uno solo?
¿Vive una semana o varios siglos?
¿Por cuánto tiempo muere el hombre?
¿Qué quiere decir para siempre?


PABLO NERUDA

¿Te gustaría? | Preguntas

¿Te gustaría que enterrasen tu cuerpo en un lugar como el de la imagen? ¿Para qué amontonar a los difuntos en un campo? ¿Te da miedo que al morir tu alma se quede encerrada allí, en la oscuridad? ¿Eh?
[La foto fue tomada en el cementerio de la isla Martín García; se notan las singulares cruces inclinadas].

El círculo de los locos quilomberos

-Yo le grito, con alguien me tengo que desquitar.
-A mí me da lástima –le responde el compañero y me hace pensar: ¿quién es él para apiadarse de los demás?-, pobre.
-¿Para qué trabaja ahí entonces si es un inútil? ¿O para qué trabaja para esa empresa [hablaban de Fibertel, que otorga servicio de conexión a Internet]? Con alguien me tengo que desquitar.
[Conversación de una chica universitaria de clase media con un compañero y una compañera de la misma situación y clase.]

Es la sociedad de los vivos, de los quilomberos; la de a ver quién levanta más la voz. En ella si sos una persona pacífica y de diálogos, quedás descolocado.
Es desagradable cuando alguien abusa de su poder (al ser jefe de otros por ejemplo) para conseguir algo. Así también los hombres cuando son machistas y babosos. Pero, ¿por qué estos individuos se mantienen con esa forma de ser y no se decepcionan? Respuesta: ¡porque tienen éxito! Siempre hay algún secuaz, siempre hay alguna mina que le da la hora y mucho más.
De la misma manera (y si, se vuelve a lo del chancho, que últimamente tiene la culpa hasta de la gripe A. ¿El que come o el que lo alimenta? O algo así) en la sociedad en la que vivimos sólo algunos se los tiene en consideración: al que patalea, al que grita, al que corta las calles; si, che, el vivo, el quilombero. ¡Ese si que aprendió!
Así también el que recibe las malas energías del otro debe devolverlas. ¿Cómo te vas a quedar callado? Gritale también. Así se completa el círculo. No importa que se solucione el trámite que se reclamó, hay que aliviar las propias tensiones.
-¿Cómo dejás que te diga eso? Yo sabés cómo le contesto…
Viva la guerra. Viva la crispación. Viva la pepa ya que estamos. Un mundo de locos en el que cuando uno grita se olvida que al llegar a su propio trabajo recibirá más gritos; total ya tendrá con quién descargarse. Un mundo en el que todos se quejan de su vida aunque ninguno hace nada para cambiarla.
Y encima nos da la cara para preguntar sorpresivamente de dónde salieron los políticos como los kirchneristas. Tan prepotentes que son. O los dirigentes del campo. Que la verdad que se les pasa la mano; demasiado vengativos. Es que ellos ya se dieron cuenta: ¡hay que hacer quilombo, che! ¿Convendrá construirse una choza cerca de una playa en un campo perdido y vivir con las estrellas? Al estilo menonita.


Andamos solos

Ricardo pasó por el alcoholismo. Ahora lucha para no volver a la adicción. Él dice que quiere trabajar y que necesita que lo ayuden con los documentos solamente; lo demás lo consigo, asegura. Además repite varias veces que su idea es regresar a su tierra natal, que según él conoce plenamente, para reencontrarse con lo que le queda de la familia.

Anda sólo

-¿De dónde es usted?
-Soy chaqueño.
-¿En serio? Yo también.
Villordo se maneja con dos bolsas permanentemente; en ellas lleva todas sus pertenencias. Por eso no acarrea nada de peso; por eso, y otras razones más, no acepta las mantas que ofrecen los trabajadores sociales del Gobierno de la Ciudad. Los que aceptan las frazadas esas –contó Ricardo-, luego van y las venden en la villa o donde sea. Con tal de tener con qué comprar vino.

Ando sólo

Ando sólo porque varios amigos me cagaron, dijo Ricardo Villordo (49).
-Disculpe, le puedo hacer una pregunta.
-La que quiera, ¡hombre!
-¿Usted vive en la calle?
Villordo, que nació en la provincia del Chaco, poseía una casa en Villa Crespo. Estaba casado y trabajaba como guardia de seguridad en la Terminal de Ómnibus de Retiro. En un momento una pelea llevó a que se divorciara, perdió su trabajo y encima lo asaltaron. Entonces (hace tres años) decidió vivir sin techo, o no le quedó otra vía.

Como si fuera un capullo

El frío en su máxima expresión. Se siente en la cara, en los pies, en los brazos, en las orejas; en fin, en el cuerpo entero. Encima la tenue e insistente llovizna no para de fluir. Aunque tengo el alivio de que dentro de diez minutos estaré en mi hogar. ¿Cómo debe ser si uno carece de un refugio, de una buhardilla por lo menos? Una noche se transforma de esa manera en una serie continua de tortura. El dolor, el fuego, las ganas de escaparse. (Voy en un taxi y veo a una persona acurrucada contra la pared de una iglesia, como si fuera un capullo, cubierto de papeles y mantas).

El final de la obra

-No era así antes –dice la señora, de 89, que se agarra fuerte del brazo ajeno-. Hasta hace poco podía caminar sin problemas, sola, por la calle. Que desastre, que terrible.
El deseo más fuerte es el de morir, el de estar muerto, para aplacar tensiones. Nos morimos por eso, porque el cuerpo es un agujero que sólo se llena del todo con la muerte. Yo había alcanzado ese deseo en vida, lo que me daba una fortaleza excepcional frente a quienes ni siquiera tenían conciencia de que lo que de verdad deseaban más que ninguna otra cosa era estar muerto (…) (Juan José Millás, Tonto, muerto, bastardo e invisible, 2008).
Si no sos religioso, ¿qué te detiene para no decidir cuándo acabar tu vida? ¿Podés criticar al director de orquesta británico (85) y a su esposa (74) que, ya bastante enfermos, viajaron a Suiza (país en el que el suicidio asistido es legal para los ciudadanos y los extranjeros) a concretar su fin?

Panchos en la estación de subte

-Comprame un pancho –exigió el chico (de unos diez años), vagabundo, huérfano; descalzo en la estación de subte.
-No tengo plata –respondió él, con miedo (¿a qué?), como por un reflejo defensivo; inconsciente.

Ardor en los ojos

Hablé con una chica que podría tener gripe A. Se me acercó en la coordinación de la Facultad de Sociales de la UP y me explicó su situación entre susurros:
-Soy enfermera y alumna de psicología. El viernes me confirmaron que estuve atendiendo a un paciente con gripe A. Debo avisarle, cuanto antes, a las autoridades por si tomarán algún tipo de medida.
¿Por qué se presentó personalmente en vez de llamar por teléfono? Quizás sólo de distraída.
Tiendo a relativizar lo de la pandemia, hago como si no me importara. Es que la psicosis sobre algo es peor que ese algo en sí. A penas se fue la chica le comenté esto a una persona que al momento me dijo: “Sabés que me comenzaron a arder los ojos.” Y me di cuenta que en ese instante la comezón de la culpa y la obsesión me nublaba la vista a mí también.