Abel Posse | Un reflejo
Quiere que se aplique la ley de amnistía para los militares de la última dictadura. Duda de los desaparecidos. Demostró su desprecio por el rock, al que indicó como uno de los males que confunde a los jóvenes (la cita del maestro Kapuściński dice lo contrario). Está seguro de que reprimir es mejor que conciliar. Abel Posse, nuevo ministro de educación porteño desde hace una semana, hizo todas esas declaraciones y las ratificó. Algunos lo defienden con la común excusa de que él dice lo que la mayoría piensa. No es sustentable. Si fuera así, cosa difícil de comprobar, tampoco sería una justificación. La mayoría puede estar equivocada en algo (ya se vio en unas cuántas vocaciones). Él en cambio pertenece a los que se suele denominar intelectuales. Se supone que eso le debería dar más conocimiento sobre la vida. Anibal Fernández, jefe de gabinete nacional, lo desafió a debatir. Con esos puntos que sostiene, tan sencillos para ser refutados, yo también podría hacerlo. En Facebook se armó un grupo para que se aleje del cargo público; hasta ahora posee 24 mil miembros. Se cree que cierto sector con características fascistas ya no volverá, que el país aprendió algo. Sin embargo de repente se recibe un reflejo de que todavía existe por algún lado. Y espera su nueva oportunidad.
Dar sin recibir
Reflejo de una introspección
Alguien anónimo, que seguramente me conoce, dejó un comentario en el blog de que soy una buena persona pero un colgado. La definición más acertada que encontré de esa palabra, para lo que la usamos, es que una persona está bajo los efectos de una droga, distraido. Siempre fui un introvertido que manejó bastante bien el tema (aceptablemente en lo social, se podría decir). No fue sencillo. Ahora me encerré devuelta en mí mismo. ¿Y qué hago? Escribo como un delirante. En la compu, hasta que se me cansa la vista. En el cuaderno, hasta que la mano derecha comienza a temblar. Es lo que hago, como soy. Si alguien quiere interrumpirme en el mientras, lo único que debe hacer, es llamarme. No me gusta hablar por MSN; simplemente creo que sirve para ciertos avisos, como los mensajes de texto del celular. Pero en esos ámbitos todo es ambiguo y finalmente lo que único que se logra es perder tiempo. El cariño que le confería a cada cual no disminuyó, sigue con la intensidad que me surgía. Si necesito saber cómo anda alguien lo llamo. O le mando un mail. O lo busco. El yo te doy algo para que vos respondas de igual o de mejor manera es un problema actual. Me parece que las palabras de la escritora brasileña Clarice Lispector, escritas en el diario Jornal do Brasil en 1967, explican el asunto: Amanecí con cólera. No, no, el mundo no me agrada. La mayoría de las personas están muertas y no lo saben, o están vivas con charlatanismo. Y el amor, en vez de darse, se exige. Y quienes nos quieren desean que seamos eso que ellos necesitan. El que me dice que no tendría que encerrarme a escribir, simplemente me niega. Sería un no yo. Está bien que hay límites. Y no lo hago sólo por mí. Escribir es una maldición desatada. Es dar. Sirve para que otros tengan con qué pensar. A veces los actos demuestran más que las palabras de todas formas (Palabras inútiles: te quiero mucho). Y tampoco soy tan buena persona, como se debe notar.
Sin solución en Copenhague | Preguntas
*Sáenz Peña, dos de la tarde, 53 grados
Terminó la cumbre contra el calentamiento global de Copenhague y quedaron más dudas que antes. Sus participantes salieron de allí pesimistas y pensando en otra oportunidad (¿no era la última según algunos?). Acordaron que hay que crear un fondo común dinero para ayudar a los países más necesitados, ¿pero quién pondrá la suma? ¿Habrá tiempo? (Video).
Merecer un Nobel
*Imagen por Gabriela Casas | Spider Man con Obama
Habló de guerra cuando se le entregaba un Nobel de la Paz. Barack Obama dijo que hay otros que se merecen más esa condecoración, que sabe que la decisión fue controvertida y que igual tuvo que mandar otros treinta mil jóvenes a Afganistán. Es natural no saber recibir un elogio. Lleva trabajo adaptarse y que no se te sonroje la cara a veces es complicado. Al menos que seas Miguel de Unamuno. El escritor y filósofo español recibió una distinción del rey Alfonso XIII diciéndole: Gracias, Majestad, me lo merezco. Y cuando su alteza le dijo que todos los anteriores habían manifestado que no lo se merecían, agregó: Y tenían razón. Ya hubo anteriores Nobeles concedidos por una esperanza, por la paz en Medio Oriente. No sirvió. Espero que Obama pueda repetir lo de Unamuno en el futuro. Gracias, me lo merezco. Se verá.
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