Reflejo de una introspección
Mirar al cielo y decir: Ah, estoy en Buenos Aires. Los edificios altos me lo recuerdan. También el ruido, los gritos, las sirenas, la prepotencia, los acentos, los teatros, los cines. Puedo salir a caminar y sorprenderme en los momentos, a veces tan seguidos, de cansancio por esta vida llena de complicaciones. Recorrer la avenida Corrientes a la noche por ejemplo, y ver una variedad muy rica de personas. Y que si quiero, puedo comprar un libro a la una de la mañana y hasta un CD de Mendelssohn o Chopin por seis pesos. Ver una película de Bosnia en los complejos Arteplex, si quiero, y escuchar el programa La venganza será terrible en vivo hasta las dos de la mañana. A veces pierdo la noción de saber dónde me encuentro por más que pasaron cuatro años desde que vivo aquí. ¿En Chaco? No, ya me fui. Creo. ¿Habrá cambiado algo? Todo cambia y todo sigue igual. Qué frase fácil de decir y de crear. Pero es verdad.
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El abandono
Reflejo de una introspección
* Foto por Julián Carrara en Bolivia, donde hubo elecciones presidenciales. Algunos de sus ciudadanos viven con dos dólares al día. En la imagen, un mercado con productos variados. -Qué hacés, che.
-Nada, al pedo, no sé qué hacer.
Es que la vida, tan cruel, no vale la pena para esforzarse. Más fácil es la resignación, más sencillo es el abandono. La realidad es tan complicada que mejor fumarse un porro. Pero como mis vecinos del segundo: uno a las once, otro a las tres después de comer, a las cinco como merienda, a las 19 de segunda vuelta, y por supuesto, a la noche unos cuantos. Total la fiesta recién empieza y para qué complicarse.
Palabras inútiles: te quiero mucho
Reflejo de una introspección
Decir te quiero mucho carece de valor. No tiene sentido. El amor, el cariño, hay que demostrarlo. Con un llamado o un golpe en la puerta en el momento justo, con un silencio, con sostener la cabeza y el cabello en el instante del vómito. Anunciarlo de por sí es sencillo; eso demuestra algo. Probá si no. Decile a las cortinas, a las toallas, a los pájaros, al césped, a los excrementos, al viento. Levantá la voz, gritalo; agregale unas lágrimas si querés. ¿Viste que es fácil? En el presente se llega a la hipocresía de escribirlo por Facebook como si su fuerza dependiera de la cantidad que avisa que le gustó (¡Qué tiernos!). Qué triste.
Decir te quiero mucho carece de valor. No tiene sentido. El amor, el cariño, hay que demostrarlo. Con un llamado o un golpe en la puerta en el momento justo, con un silencio, con sostener la cabeza y el cabello en el instante del vómito. Anunciarlo de por sí es sencillo; eso demuestra algo. Probá si no. Decile a las cortinas, a las toallas, a los pájaros, al césped, a los excrementos, al viento. Levantá la voz, gritalo; agregale unas lágrimas si querés. ¿Viste que es fácil? En el presente se llega a la hipocresía de escribirlo por Facebook como si su fuerza dependiera de la cantidad que avisa que le gustó (¡Qué tiernos!). Qué triste.
Simples destinos
Reflejo de una introspección
El azar te pondrá a prueba. Siempre. En un aula con un amigo que te pide una respuesta durante el examen, un empleado de una verdulería que te devuelve de más en el cambio, con la necesidad de ayudar a una persona no vidente a cruzar la calle sin que otro te lo exija. En vos estará no responder pero tampoco delatar, en devolver la plata sin esperar algo a cambio o considerarte un santo, en vencer ese inexplicable miedo de ayudar a otro sin ofenderlo. En esos simples destinos están los grandes hechos; no en los Tratados o las Cumbres internacionales.
El azar te pondrá a prueba. Siempre. En un aula con un amigo que te pide una respuesta durante el examen, un empleado de una verdulería que te devuelve de más en el cambio, con la necesidad de ayudar a una persona no vidente a cruzar la calle sin que otro te lo exija. En vos estará no responder pero tampoco delatar, en devolver la plata sin esperar algo a cambio o considerarte un santo, en vencer ese inexplicable miedo de ayudar a otro sin ofenderlo. En esos simples destinos están los grandes hechos; no en los Tratados o las Cumbres internacionales.
Un poco de ignorancia desatada
Reflejo de una introspección
Empecé a cursar Macroeconomía, por tercera vez, el lunes pasado. Lo digo porque así será en mi cabeza, hasta que el año que viene pueda. Es que desaprobé el segundo parcial y el profesor definió que ya no podría recuperar nada. ¡No pueden hilvanar una idea!, dijo al empezar a corregir mi examen; en el aula sólo había otra alumna en ese momento, y la miró a ella. Luego: No puedo ser demagogo, tenés que sentarte a leer. Así salen después ustedes los periodistas. Respondí con el silencio, aunque antes había intentado absurdamente que me diera otra oportunidad. Pensé sobre la demagogia; qué habrá querido decir. Por la tarde me di cuenta que no le dije algunas cosas al profe: que por lo menos fui uno de los pocos que no hizo trampa en ese examen; que sí estuve todo el fin de semana, y el anterior, leyéndolo; que estoy seguro que se puede aprender más de la vida con la novela Rayuela que con cualquier clase de economía; que me molestó cien veces más haber escrito tazas con z cuando era tasas; que lo único que me quedó en la cabeza de ese manual de ochocientas páginas a doble columna es la frase: Las personas que son muy ricas –ya sea por herencia, por cualificaciones o por suerte- disfrutan de unas rentas muy superiores a las que tienen el hogar medio. Los que no tienen nada parten de una situación de desventaja. Ya sabía que el capitalismo no sirve y que mientras existan los ricos habrá miseria. ¿No pueden aparecer con una teoría del siglo XXI, al saber tanto de macro y mircro, que incluya la democracia en la parte económica? (Parece que unos cuantos piensan algo similar). Los conceptos están equivocados -dijo como despedida-, andá nomás. Sé que la economía es importante, y que se la puede tratar entretenidamente, pero la verdad que cuesta leer ese manual al tener en la biblioteca a Cortázar, García Márquez, y Kapuściński. Tal vez los que hacen periodismo, en general, deberían estudiar más. Pero así también si los que manejan las teorías de la inflación aprendieran a escribir de manera más bella, todos entenderíamos mejor la cuestión.
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