Saltar al ser visto

                                                                                                 Foto por Aaron Rosales
Tyler Clementi, un estadounidense de 18 años, se tiró al río desde el puente George Washington. El suicidio habría sido motivado, entre otras causas seguramente, por la exposición en Internet de su intimidad. Tyler era homosexual; su compañero de cuarto había grabado dos encuentros sexuales de él con otro hombre y los había compartido en la Red. Tyler se enteró; se sorprendió también porque los demás usuarios de Twitter se solidarizaban con el acosador con preguntas del tipo: ¿Y cómo vas a hacer para volver al cuarto ahora? Como si fuera más normal; como si él merecería más respeto por ser heterosexual y compartir el desvió de los otros en Internet. La implicancia de las redes sociales no termina aquí en esta historia. El chico, en las últimas horas, escribió en Facebook: me tiro del puente, lo siento. ¿Se lamentaba de su condición o de cómo lo veían los demás? ¿Quedar mal frente a la sociedad virtual es la peor tragedia del presente? Si para algunos es así, arriesgo a que muchos deben ser falsos allí.

Enseñar

                                                                                    Foto por María Antonella Aranda
-Sí, qué me va enseñá vo a hablá. 
-Ma vale que te voy a enseñá.


-Me escupió, él me escupió -. El nenito iba agarrado de la mano de la madre; la nena, algo más grande, se acercaba y alejaba mientras seguían el camino.


-Sabés quién me habló el otro día, Pirulo. Hace mil que no sabía de él. Apareció por Face. Me dijo: a ver con cuál loco estás saliendo ahora [risas] -. Dos chicas que caminaban por un barrio de Corr
ientes. 

El narciso

                                           Pintura por José Gallego Poveda

Se observa en el agua, ve su reflejo. No es él pero sin embargo si hay algo de él en eso, en esa imagen temblorosa. Debe despertar su curiosidad como le pasaría a cualquiera de nosotros. Se mira y me mira. Nos miramos. 

La vida inundada

                                                Foto por María Antonella Aranda
La casa como reflejo de la vida, llena de agua sin movimiento. Felisberto Hernández escribió el cuento "La casa inundada" en 1956. El uruguayo había estudiado a Freud, por lo que sus relatos están ciertamente influenciados por sus teorías. Cuando se inunda la casa o la vida un problema podría ser verse reflejado a cada rato. Al asomar la vista fuera del bote aparecería esa imagen borrosa y deformada de la propia cara. Se tendría más de una sombra, con la casi obligación de pensar más sobre uno mismo. Razoné muchas cosas con este relato (además de las recién mencionadas) pero principalmente en dos. La necesidad que se debe tener, si uno es escritor, de llegar por ejemplo a remar el pequeño barco de una gorda desconocida para tener qué comer. Y en los rituales, sobre todo los de la muerte. Margarita -la gorda- prende velas y las deja flotar en el agua. Así recuerda a su esposo. Ese es su cementerio, alivio piadoso para algunos.