El narciso

                                           Pintura por José Gallego Poveda

Se observa en el agua, ve su reflejo. No es él pero sin embargo si hay algo de él en eso, en esa imagen temblorosa. Debe despertar su curiosidad como le pasaría a cualquiera de nosotros. Se mira y me mira. Nos miramos. 

La vida inundada

                                                Foto por María Antonella Aranda
La casa como reflejo de la vida, llena de agua sin movimiento. Felisberto Hernández escribió el cuento "La casa inundada" en 1956. El uruguayo había estudiado a Freud, por lo que sus relatos están ciertamente influenciados por sus teorías. Cuando se inunda la casa o la vida un problema podría ser verse reflejado a cada rato. Al asomar la vista fuera del bote aparecería esa imagen borrosa y deformada de la propia cara. Se tendría más de una sombra, con la casi obligación de pensar más sobre uno mismo. Razoné muchas cosas con este relato (además de las recién mencionadas) pero principalmente en dos. La necesidad que se debe tener, si uno es escritor, de llegar por ejemplo a remar el pequeño barco de una gorda desconocida para tener qué comer. Y en los rituales, sobre todo los de la muerte. Margarita -la gorda- prende velas y las deja flotar en el agua. Así recuerda a su esposo. Ese es su cementerio, alivio piadoso para algunos.

Los juegos

                                                                                   Foto de María Antonella Aranda
La vida siempre tiene juegos y venenos. Eso es algo que Julio Cortázar me dijo en el cuento “Los venenos” (1956). A él le gustaba la infancia, era como un niño grande (“No somos adultos, Lucía. Es un mérito pero tiene sus consecuencias”, le dijo Oliveira a la Maga). El primer juego: correr, lastimarse. Veneno. El primer amor: emocionarse, admirar, cachetes rojos, no correspondido. Veneno. Y un poco más y se marchita la flor. A veces los mismos juegos se pueden ver manchados (los venenos). Aparecerá un inadaptado, por ejemplo, que agarrará el aerosol y escribirá sobre el tablero de las damas. Y la competencia es feroz: es que todos los participantes quieren ganar, la ambición se siente. Sólo algunos razonan y ceden. El niño que juega es como un pequeño escritor, un comienzo. El escritor es como un gran niño.

Fluir chino

                                                                                                    Foto por Peter Morgan
La vida fluye como un río. Lo que queda, lo eterno, fluye como un río. Y la ciudad china Kangding también. La imagen puede servir como reflejo del país: se adaptan, soportan el amontonamiento, siguen el camino, se expanden. Están a 2.560 metros sobre el nivel del mar allí y la mayoría pertenece a la etnia tibetana. Son parte del país asiático que es señalado como una de las cuatro potencias dominantes de los próximos años (según la teoría BRIC). Una porción de los más de mil quinientos millones de habitantes que son y que no es poco (hasta escribirlo queda largo). El río Zhepuo atraviesa la ciudad por el centro, por lo que se puede apreciar su sonido permanentemente desde la mayoría de sus rincones. Y sentir cómo fluye.