Detroit y la venganza

                                               Foto por buckshot.jones
¿El ocaso del automóvil? ¿De Estados Unidos? El tema viene por una nota que leí sobre lo abandonada que está la ciudad estadounidense Detroit (antes la cuarta en población y una de las más adineradas). Una de las causas que llevó a esa situación es la decadencia de las fábricas de autos Ford, Chrysler y General Motors. Las fotos del lugar son muy interesantes: estaciones de Policía, consultorios, escuelas; todos los lugares dejados con equipamientos y recuerdos dentro. Pareciera como si las personas sólo hubiesen desaparecido. Quizás es un símbolo de cómo ese país está perdiendo la partida con Oriente (Japón y China venden más autos ahora). Otra de las causas: la venganza de la raza negra. Esa parte de la población aguantaba el racismo exacerbado hasta que en 1967 se generaron disturbios por la tensión social. El saldo fue de 43 muertos y 7 mil detenidos. La población blanca se mudó a las afueras y la ciudad empezó a ser dominada por la otra parte de la población. Pero no de una manera pacífica precisamente (se puede dar un vistazo en la película sobre el rapero Eminen, 8 miles). Inclusive el primer gobernante negro, en 1973, se denominaba a si mismo hijo de puta a cargo (mother fucker in charge). Venganza contra los blancos. Así les fue. Les habría servido aprender de Mandela.     

Más acá en la vida

                                                                                             Foto por Lecu_lillas

Más allá de la vida (Hereafter) es la última película realizada por el hace tiempo consagrado Clint Eastwood. Lo que se nota bastante. Parece que tratara mucho sobre lo que pasa después de morir (tema que no evade, pero tampoco profundiza); sin embargo se planta en lo que hacen las personas acá, antes de partir. O en cómo sus vidas cambian después de tener algún tipo de contacto cercano con la muerte. Una periodista (Cécile de France) que tiene que decidir entre ser una conductora famosa o escribir lo que necesita. El protagonista (Matt Damon) que rechaza ganar dinero con su don y lo ve como una maldición de la que busca escapar. La madre de los gemelos que abandona a sus hijos por droga. ¿Cómo seguirán?, es una de las preguntas que impulsa a llegar hasta el final de la película. Un aplauso extra para la actuación de los dos niños ingleses (el momento en que uno de ellos está sentado finalmente frente a Damon, los gestos de su cara). Adelantaré algo: los chicos son separados. Es lo más impactante de la película. Eastwood, que en una entrevista dijo que a él no le interesa pensar mucho qué sucede al morir si no que le atrajo la vida del protagonista, eligió esa unión para reflejar la pérdida entre dos personas que están como si fueran una. Se ve el duelo con toda su fuerza.

Esfuerzo chino

                                                                                                Foto por viajeacanada

 -Estuvo bueno el año nuevo chino –dijo el pequeño y un chico más grande le contestó que sí mientras se alejaban de la zona en Belgrano; tenía el pelo bien largo, rubio-. ¿Podemos volver al del año que viene? ¿Cuándo tienen navidad ellos? ¿Y los reyes?



“Esfuerzo” es la palabra que alcancé a oír de un chino que hablaba entre la multitud. Estaba sentado al costado de la vereda frente a una mesa llena de dibujos. Varias personas, de distintas nacionalidades, lo escuchaban con atención. Y él enfatizaba mucho con las manos. Si hay algo que mantienen los chinos es el esfuerzo.

El tiempo que resta


La película se llama Tiempo de vivir (Le temps qui reste). El protagonista es un fotógrafo francés que en sus treinta años, con lo que parecería ser una vida cómoda, se entera que tiene cáncer. El tumor ya está demasiado adelantado para operar y sólo le quedan dos opciones: la quimio o esperar meses a su muerte. Él elige la segunda. Y la historia que te muestran es lo que hace mientras. Por un lado echa de su departamento al novio con el que vivía y con el que aparentemente estaban enamorados. No le da explicación. Decidió no contarle, como tampoco a su familia, lo de la enfermedad (más tarde buscará consuelo en él, pero el otro responderá que es demasiado tarde, después de meses, para decirle que lo extraña). Se lo cuenta sólo a su abuela. ¿Por qué? Es que a los dos nos falta poco para partir. Y todavía le queda una sorpresa antes que lo haga, una forma de dejar más rastros en el mundo. Película dirigida y bien lograda por el director François Ozon.