Se casarán

                                                       Foto por Mr. Reivaj
Dos hombres contraerán matrimonio por primera vez en Chaco mañana. Gran paso en una de las provincias más discriminativas. El interior argentino, en general, es bastante más conservador. No sería raro que haya alguna manifestación en contra. Ambos tienen cuarenta y pico (uno es chaqueño y el otro correntino). No son, por lo tanto, de la nueva generación. Y sin embargo hay tantos adolescentes con pensamientos ortodoxos en Resistencia y Corrientes.

El engaño de la frontera

                                                                     Foto por Adolfo Lopez
Me llamo Arturo Gómez C., el traficante nos engañó, dijo que sabía mucho, pero al final era negativo, éramos 14, todos no aguantamos. Adiós. Arturo observa las nubes una vez más. Se siente demasiado cansado. Deja caer el papel arrugado, que se lo lleve el desierto. Está sentado de espalda contra una piedra y junto a otro del grupo. Trata de pensar en lo que esperaba encontrar en Estados Unidos. Ve que la mayoría tiene los ojos cerrados. Él también los cerrará.

El camino de la confusión

                                                                      Imagen por Daniel Zanini H.
Camino con cuidado, pasos lentos. No sé qué lograré con este recorrido pero lo atravieso. Es que no puedo pensar mucho en otras cosas ahora. Habito en la Villa a la que me lleva este pasillo. Soy cura aunque tenga mis objeciones. Para algo estamos acá. En la pared de la izquierda está escrita la palabra guerra. Se puede decir que define un poco la situación. Aunque nos ayudamos entre todos, cada día uno se entera del nuevo caído, del enfermo que no puede conseguir medicamentos, de tal chica violada (o nuevamente). Qué es la guerra si no una confusión, sin tregua ni certezas, de la que nadie sabe quién saldrá triunfante. Como la vida. Como la Villa. Pero ahora no puedo pensar mucho, tengo que focalizarme en el rezo.

Aburrimiento en el encierro

                                                                     Imagen por Daniel Zanini H.
Estoy en la cárcel y no sé qué hacer. En algunas películas había visto que los tumberos usaban las horas para hacer ejercicio y salir voluminosos a la libertad. Lo intenté en un principio pero no me salió. Tres flexiones de brazos y quedé con la cara sobre el piso (la tierra), sin más que respirar. Miré la pared toda manchada, casi sin pintura y con hediondez (una escritura, creo que hecha con excremento de su dueño, dice querete), y me dio poco ánimo. Menos todavía del que ya tenía porque mi compañero de celda no me habla. Ni una sola pregunta respondió. Después de verlo todos los días durante un año ya hasta me parece que tiene lindos ojos. Si por lo menos me diera bola. Además de dónde voy a sacar las fuerzas si a penas me dan de comer. No, somos tumberos bien argentinos acá: flacos y sin fuerzas, drogadictos (aguante el paco, loco). Y realmente estamos en la tumba, por eso el nombre. Muerte, camino a ella, lápida, cárcel. Y no sé qué hacer. Pero ahora que me doy cuenta hace un rato que escribo. Algo es.